Juan Carlos Godoy, director del Laboratorio de Psicología y miembro del Centro de Investigaciones de la Facultad de Psicología, habla sobre cómo afecta el uso de sustancias a la conducción.

El uso de sustancias psicoactivas y el consumo de alcohol afectan de manera significativa nuestra capacidad de conducción de vehículos. Manejar bajo los efectos de cualquiera de esas sustancias pone en riesgo no sólo al conductor, sino también a sus pasajeros y a los demás actores que comparten las calles.

Es importante tener en cuenta que los efectos de las drogas psicoactivas varían dependiendo de cómo actúan sobre el cerebro. Existen drogas consideradas “estimulantes”, como la cafeína y la cocaína; drogas “alucinógenas”, como la marihuana o el LSD; y drogas “depresoras”, como las benzodiacepinas y el alcohol. Todas afectan de manera significativa las capacidades cognitivas necesarias para poder realizar una conducción segura. Incluso pequeñas cantidades pueden alterar nuestras habilidades motoras, las capacidades de balance, coordinación y toma de decisiones, la percepción, la atención y los tiempos de reacción.

Por otro lado, hay que considerar otras factores, como la edad del conductor que consume sustancias psicoactivas. Por ejemplo, las características neurobiológicas y comportamentales de los adolescentes y de los jóvenes adultos los vuelven más vulnerables a sus efectos. De esta manera, la población de 18 a 25 años es la que más se encuentra involucrada en accidentes de tránsito debido al consumo de sustancias psicoactivas o de alcohol.

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Después del alcohol, diversos estudios internacionales señalan a la marihuana como la segunda sustancia más consumida por los conductores involucrados en accidentes de tránsito. Existe suficiente evidencia, aportada tanto con estudios de conducción, realizados con simuladores (videojuegos) o en situaciones reales, que señalan que la marihuana afecta negativamente la capacidad atencional, la percepción del tiempo y la estimación de la velocidad, así como la capacidad de tomar decisiones basándose en experiencias pasadas.

Las mismas investigaciones mencionadas muestran también que el consumo combinado de marihuana y alcohol incrementa significativamente el deterioro de las capacidades cognitivas de los conductores.

En Argentina, como en otros países del mundo, se han implementado acciones específicas dirigidas a controlar el consumo de alcohol entre la población que conduce. Así, por ejemplo, existen regulaciones específicas respecto de los niveles de alcohol en sangre que no deben ser superados por los conductores y que pueden ser determinables objetivamente con el uso de los alcoholímetros. Sin embargo, no existen mecanismos similares para identificar los niveles de sustancias psicoactivas que podrían presentar los conductores. En esos casos, la sola determinación de que el conductor ha consumido sustancias es suficiente para impedir que siga conduciendo el vehículo.

Más allá de los intentos de avanzar en materia de seguridad vial en nuestro país, lo cierto es que aún persiste una brecha importante entre el conocimiento generado por la comunidad científica local e internacional, y el aprovechamiento de esa información al momento de diseñar y ejecutar políticas que impacten sobre la salud de la población.

En este tema, como en muchos otros, es tiempo de avanzar hacia políticas públicas basadas en la evidencia.

Perfil profesional
Juan Carlos Godoy es director del Laboratorio de Psicología y miembro del Centro de Investigaciones de la Facultad de Psicología (Cipsi), grupo vinculado con el Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (Ciecs), Conicet, de la UNC.